No hay ejercicios buenos o malos: depende de para qué los hagas
11 abr 2026

Deja de pensar en ejercicios “buenos” y “malos”
Seguro que alguna vez has escuchado cosas como: “ese ejercicio es malísimo para la espalda”, “eso no sirve para nada” o “eso no deberías hacerlo nunca”. Y claro, con tantos mensajes así, al final parece que entrenar es como querer desactivar una bomba.
Pero la realidad es mucho más simple.
No hay ejercicios buenos o malos por sí solos. Lo que hay son ejercicios que encajan mejor o peor según el objetivo, la persona y el momento.
Un mismo movimiento puede ser muy útil en un caso y no ser la mejor opción en otro. Y eso no lo convierte ni en milagroso ni en peligroso. Solo lo pone en contexto.
Por ejemplo, una sentadilla profunda puede ser una gran idea para alguien que quiere ganar fuerza en piernas, tiene movilidad suficiente y la hace con control. Pero esa misma sentadilla quizá no sea la mejor opción para una persona con dolor de rodilla, poca movilidad o que todavía no la domina bien.
¿La sentadilla es mala? No.
¿Siempre es la mejor? Tampoco.
Con ejercicios como el crunch, el peso muerto o el press por encima de la cabeza pasa exactamente lo mismo. Muchos se han etiquetado durante años como “malos” o “lesivos”, cuando en realidad el problema no suele ser el ejercicio en sí, sino usarlo sin tener claro para qué se hace, cómo se hace y si toca hacerlo ahora.
Entrenar bien no va de evitar movimientos como si fueran enemigos. Va de elegir la herramienta adecuada para cada persona. Igual que no usas un abrigo en agosto ni unas chanclas para subir una montaña, en entrenamiento tampoco todo vale para todo el mundo en cualquier momento.
Lo importante no es el ejercicio: es para quién, para qué y cómo
Cuando alguien pregunta cuál es el mejor ejercicio para glúteos, para abdomen o para espalda, la respuesta real casi nunca es un nombre concreto. Porque antes de hablar del ejercicio hay que mirar varias cosas.
La primera es el objetivo. No es lo mismo entrenar para ganar fuerza, perder grasa, moverte mejor, recuperarte de una lesión o simplemente encontrarte con más energía en tu día a día. Un ejercicio puede ser buenísimo para una meta y tener poco sentido para otra.
La segunda es la persona. No necesita lo mismo alguien que empieza de cero que alguien que lleva años entrenando. Tampoco alguien con molestias, poca movilidad o miedo a ciertos movimientos. El cuerpo, la experiencia y el historial importan. Mucho.
La tercera es la ejecución. Hay ejercicios que tienen mala fama cuando en realidad lo que falla no es el movimiento, sino la forma de hacerlo: demasiada carga, poca coordinación, un rango que todavía no controlas o una velocidad que no puedes sostener. A veces no hay que quitar el ejercicio, sino adaptarlo.
Y la cuarta es la dosis. Porque sí, hasta lo que tiene sentido puede dejar de tenerlo si te pasas. Más repeticiones, más peso o más frecuencia no siempre significan mejores resultados. A veces solo significan más fatiga y peor tolerancia.
Por eso, en vez de preguntar “¿este ejercicio es bueno o malo?”, quizá la pregunta útil sea otra:
¿Tiene sentido para mí, ahora, y para lo que quiero conseguir?
Ahí cambia todo.

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La diferencia entre entrenar por copiar… y entrenar con criterio
Uno de los errores más habituales es copiar lo que hace otra persona y asumir que, si le funciona, también te sirve a ti. Pero en entrenamiento esto casi nunca funciona así.
Que un ejercicio le venga bien a alguien en redes, a tu amigo o a una persona con más experiencia no significa automáticamente que sea lo que tú necesitas ahora. Igual que tampoco significa lo contrario: que, porque a ti hoy no te encaje, sea un mal ejercicio para todo el mundo.
Pensar en blanco o negro en entrenamiento suele generar dos problemas. El primero es miedo, porque empiezas a ver movimientos normales como si fueran peligrosísimos. El segundo es confusión, porque cada semana aparece alguien diciendo que lo que antes era bueno ahora resulta que es horrible.
Y al final la gente deja de centrarse en lo importante: progresar.
La clave está en entender que los ejercicios son herramientas. Y una herramienta no es buena o mala: es útil o no según cómo, cuándo y para qué la uses.
Cuando entiendes esto, entrenas de otra manera. Con menos miedo, menos ruido y más sentido. Dejas de buscar el ejercicio perfecto y empiezas a buscar el adecuado. Y eso, aunque parezca un detalle pequeño, cambia muchísimo los resultados.
Porque no se trata de hacer cosas por hacer.
Se trata de que cada cosa que hagas tenga un porqué.
Y ahí está la diferencia entre entrenar y simplemente moverse un rato.
Y ahí está el valor de un buen entrenador.

CEO y Fundador de FuntionalFeel


