Pilates o entrenamiento de fuerza: ¿cuál es mejor?

Pilates o fuerza: estamos haciendo la pregunta equivocada
Pilates está por todas partes.
En Instagram, en TikTok, en los gimnasios y en conversaciones entre amigos.
Y con su popularidad ha vuelto una pregunta que escuchamos constantemente:
«¿Qué es mejor, hacer Pilates o entrenar fuerza?».
Parece una pregunta lógica. Pero tiene un problema.
Estamos intentando elegir la mejor herramienta sin haber decidido qué queremos construir.
Es como preguntar qué es mejor, un martillo o un destornillador.
Dependerá de lo que necesites hacer, ¿no?
Pues con el ejercicio ocurre exactamente lo mismo.
1. Lo que importa no es cómo se llama el entrenamiento, sino lo que haces durante él
Imagina dos personas.
La primera va a una clase de Pilates en la que realiza ejercicios exigentes, trabaja con resistencias y aumenta progresivamente la dificultad.
La segunda acude a un gimnasio, hace siempre los mismos ejercicios con las mismas pesas y termina su sesión sin apenas esfuerzo.
¿Quién está entrenando mejor la fuerza?
Probablemente la primera persona, aunque no haya pisado una sala de musculación.
Porque nuestros músculos no saben si estamos haciendo Pilates, CrossFit o entrenamiento funcional.
Lo que perciben es la resistencia que tienen que vencer y el esfuerzo que les exige hacerlo.
Si queremos mejorar nuestra fuerza o aumentar nuestra masa muscular, necesitamos que nuestros músculos reciban estímulos suficientes y que estos se adapten a medida que mejoramos.
Y esto puede conseguirse utilizando diferentes herramientas: máquinas, mancuernas, bandas elásticas o nuestro propio peso corporal.
Por supuesto, no todos los ejercicios ni todos los métodos permiten conseguirlo con la misma facilidad.
El entrenamiento de fuerza con resistencias externas, por ejemplo, nos permite controlar y aumentar las cargas de una manera muy precisa.
Pero eso no significa que Pilates no pueda mejorar nuestra fuerza.
De hecho, una revisión científica publicada en 2022 comparó Pilates con otras modalidades de ejercicio y no encontró diferencias claras en fuerza, equilibrio o flexibilidad. Eso sí, los propios investigadores advirtieron que la calidad de la evidencia era baja o muy baja.
Y una revisión de 2026, que analizó 12 estudios con aproximadamente 540 mujeres, encontró mejoras en flexibilidad y algunos indicadores físicos con Pilates, aunque no observó mejoras significativas agrupadas en varias medidas de fuerza y masa magra.
Es decir, Pilates puede aportar beneficios, pero eso no significa que produzca todas las adaptaciones que buscamos con cualquier programa de fuerza.
El resultado depende de lo que entrenamos, de cómo lo entrenamos y de nuestro punto de partida.

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2. Antes de elegir una actividad, deberíamos hacernos otra pregunta
Imagina que quieres empezar a hacer ejercicio porque llevas años sin entrenar.
Te interesa encontrarte mejor, moverte con más soltura y recuperar el hábito de dedicarte un rato.
Una clase de Pilates que te guste y a la que puedas acudir regularmente puede ser una excelente elección.
Ahora imagina que tu objetivo principal es aumentar tu masa muscular.
En ese caso, necesitarás un programa que proporcione a tus músculos suficiente resistencia y que permita aumentar progresivamente la exigencia.
Quizá algunas modalidades de Pilates puedan contribuir a ese objetivo. Pero un programa específico de fuerza suele facilitar más ese trabajo.
¿Y si quieres mejorar tu resistencia cardiovascular?
Entonces tendrás que incorporar actividades que estimulen de forma adecuada tu sistema cardiovascular.
Por eso resulta tan extraño que discutamos sobre qué método es mejor sin hablar antes de los objetivos.
La propia Organización Mundial de la Salud recomienda combinar actividad aeróbica con ejercicios que fortalezcan los principales grupos musculares al menos dos días por semana.
No recomienda una marca de entrenamiento. Ni una actividad de moda.
Recomienda desarrollar capacidades físicas.
Y esta es una distinción importante.
En Functionalfeel no creemos que haya que defender un método frente a otro como si fueran equipos de fútbol.
Creemos que primero hay que entender qué necesita cada persona y después seleccionar los ejercicios, las cargas y las intensidades más adecuados para conseguirlo.
Porque, además, nuestras necesidades cambian.
Lo que hoy puede ser suficiente para empezar a entrenar quizá dentro de seis meses ya no suponga el mismo desafío.
Y un buen programa de ejercicio debería evolucionar contigo.
Así que la próxima vez que alguien te pregunte si es mejor Pilates o entrenamiento de fuerza, prueba a responderle con otra pregunta:
«¿Mejor para qué?».
Porque puede que esa sea la pregunta que deberíamos haber hecho desde el principio.

CEO y Fundador de FuntionalFeel


